sábado, octubre 17, 2026

EL SHOW DEL TÚNEL PARIACHI: REY VS. THORNDIKE

EL SHOW DEL TÚNEL PARIACHI: REY VS. THORNDIKE

Por Iván Oré Chávez para CAZAOLIGARCAS

 


El 14 de octubre de 2026, el programa Contra Corriente, de Willax Televisión, presentó una confrontación entre el periodista Augusto Thorndike y el entonces ministro de Transportes y Comunicaciones, Rafael Rey Rey, a propósito de la controvertida selección del consorcio Acciona-JJC para la construcción del túnel Pariachi, una de las primeras obras de la Nueva Carretera Central. Hubo interrupciones, reclamos, elevaciones de voz, acusaciones de falta de ética periodística y hasta una discusión sobre quién tenía derecho a hablar. Pero, detrás de esa aparente confrontación, ocurrió algo mucho más importante: el ministro defendió la actuación de la oficina francesa encargada del procedimiento sin identificar una sola comprobación documental realizada personalmente sobre las puntuaciones cuestionadas.

El espectáculo terminó con disculpas, expresiones de amistad y elogios a la honestidad de Rey. Las preguntas sobre las calificaciones, las sucesivas versiones de la lista corta, las observaciones de Provías Nacional y las relaciones sociales y familiares que rodeaban a los protagonistas quedaron fuera de la discusión. El programa aparentó someter al ministro a un interrogatorio, pero terminó ofreciendo una extensa defensa de su actuación sin exigirle las pruebas fundamentales que debían respaldarla.

 

El concurso que Rey daba por correcto porque sus organizadores se lo dijeron

Rafael Rey comenzó su explicación señalando que la Nueva Carretera Central era un proyecto de aproximadamente S/ 30.000 millones y que el Estado peruano había contratado una oficina de gestión de proyectos, conocida por sus siglas inglesas PMO, dentro del acuerdo de gobierno a gobierno suscrito con Francia. Explicó que esa oficina debía gestionar el proyecto, orientar su ejecución y procurar que las obras se realizaran dentro de los plazos previstos. La primera intervención importante era el túnel Pariachi, destinado a conectar el entorno de la Carretera Central existente con la zona de Cieneguilla.

Según Rey, el PMO francés había preparado las bases y reglas del concurso, el Ministerio de Transportes las había aprobado antes de su llegada y posteriormente había encargado a esa oficina conducir la selección del constructor. Cuando Thorndike preguntó quién adjudicaba, Rey respondió categóricamente: «El PMO, por supuesto». También sostuvo que Claudia Dávila, entonces directora de Provías Nacional, cometía un grave error al considerar que esa entidad debía intervenir en la decisión final.

Rafael Rey afirmó ante Augusto Thorndike que el PMO francés era quien adjudicaba la construcción del túnel Pariachi. Sin embargo, adjudicar significa otorgar la buena pro, es decir, declarar oficialmente al ganador, y el artículo 80 del Reglamento de la Ley N.º 32069 establece que en el régimen general intervienen los órganos competentes de la entidad pública: la dependencia encargada de las contrataciones, el oficial de compra o el comité, según corresponda. En el caso del túnel Pariachi, la entidad pública responsable es Provías Nacional, organismo dependiente del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. El propio PMO Vías reconoce que gestiona las licitaciones por cuenta de Provías Nacional. Por tanto, el PMO es un gestor contratado, no una dependencia pública peruana. Aunque todavía falta identificar qué funcionario u órgano tenía formalmente la facultad de adjudicar esta obra bajo su régimen especial, Rey no explicó qué disposición legal autorizaba al PMO a hacerlo. Thorndike tampoco se lo preguntó, dejando sin esclarecer quién tenía realmente la autoridad para declarar ganador al consorcio Acciona-JJC.


Pero Rey no mostró la cláusula contractual que atribuyera al PMO la facultad jurídica de adjudicar definitivamente la obra. Tampoco distinguió entre organizar un procedimiento, evaluar ofertas, recomendar a un constructor y adoptar la decisión administrativa correspondiente. Su afirmación sobre las competencias del PMO quedó presentada como una verdad indiscutible, sin que Thorndike le exigiera identificar el documento que la sustentaba.

Rey añadió que las ofertas se evaluaban con una ponderación del 60 % para los factores técnicos —calidad, experiencia y capacidad profesional— y del 40 % para el precio. El conductor reforzó esa explicación diciendo que había consultado a su amigo Raúl Barrios, vinculado a la Cámara de Comercio de Lima, quien le había confirmado que en una obra de esa complejidad el componente técnico pesaba más que el económico.


Durante la entrevista, Augusto Thorndike afirmó que había consultado a su amigo Raúl Barrios Fernández-C., presidente de la Cámara de Comercio de Lima, quien le confirmó que, tratándose de una obra compleja como el túnel Pariachi, el factor técnico podía tener mayor peso que el precio. Ahora bien, por simple coincidencia, Raúl Barrios es socio del Club Nacional desde 1993. Rafael Rey pertenece al mismo club desde 1983, mientras que Augusto Thorndike Galup, abuelo del conductor, fue incorporado en 1934, y Felipe A. Thorndike Beltrán, primo hermano de su padre, en 1950. Todos pertenecen, por tanto, a una misma institución histórica de la élite limeña. Pero hay algo más importante: el propio Raúl Barrios, especialista en contrataciones públicas, había advertido en mayo de 2016 ante el Congreso que determinadas disposiciones de la Ley de Contrataciones podían favorecer la corrupción. En 2019 también cuestionó reglas que facilitaban el direccionamiento de licitaciones y, en agosto de 2024, criticó las dificultades para impugnar decisiones bajo la nueva Ley N.º 32069. Además, participó en 2024 en la presentación de las futuras licitaciones de la Nueva Carretera Central, organizada por PMO Vías. Es decir, Barrios conocía tanto los riesgos de las contrataciones públicas como el proyecto en discusión. Sin embargo, Thorndike solamente utilizó su opinión para respaldar el mayor peso del factor técnico, sin preguntarle si las puntuaciones otorgadas a los postores del túnel Pariachi habían sido correctamente calculadas. En una publicación de 2019 de la propia Cámara de Comercio de Lima, titulada «Artículos en Ley de Contrataciones fomentarían corrupción», Barrios declaró: «Se han hecho cambios en la ley en los últimos años, especialmente en este Gobierno, que están direccionando los procesos y generando corrupción».


La afirmación general era sencilla: una oferta más barata no necesariamente tenía que ganar. Sin embargo, esa explicación no resolvía la controversia. Nadie discutía que las bases pudieran establecer criterios técnicos. Lo que correspondía demostrar era que los puntos otorgados a cada participante habían sido calculados correctamente.

Thorndike mencionó que el Consorcio Túnel del Valle había presentado una oferta aproximadamente treinta millones de dólares inferior a la de Acciona-JJC. Rey respondió insistiendo en la mayor ponderación técnica. Pero no presentó el cuadro comparativo de calificaciones ni explicó qué ventajas técnicas específicas justificaban la diferencia entre los postores.

 


El peso del componente técnico no prueba que la evaluación técnica haya sido correcta. Esa distinción elemental desapareció durante la entrevista.

Las reglas públicas y las calificaciones que no podían conocerse

CAZAOLIGARCAS ya había examinado el Aviso General de Adquisiciones del túnel Pariachi y sus criterios de evaluación. Los documentos del procedimiento establecían una calificación técnica sobre cien puntos para formar una lista corta de cinco participantes. No existía puntaje mínimo ni factores eliminatorios: los cinco primeros continuaban y los demás quedaban excluidos.

La distribución de los cien puntos estaba expresamente establecida: hasta 15 por facturación acumulada en obras; 40 por experiencia específica en túneles; 20 por experiencia en movimientos de tierras; 2 por certificaciones ISO adicionales; 5 por cumplimiento de contratos; 12 por análisis crítico y entendimiento de la obra; y 6 por programas ambientales y sociales.

Setenta y cinco puntos se concentraban en facturación, experiencia en túneles y movimientos de tierras. Otros doce correspondían a un análisis crítico presentado en un documento de seis páginas, evaluado mediante criterios como la congruencia del enfoque, el tratamiento de riesgos, la organización propuesta y la coherencia de los recursos estimados.


Todo eso figuraba en las bases. No se trataba de una interpretación periodística sobre cómo debía funcionar el concurso, sino de las reglas escritas por sus propios organizadores.

El problema aparecía en el numeral 4.8 del Aviso General de Adquisiciones. Allí se establecía que cada participante podía solicitar el detalle de su evaluación, pero no conocer la de los demás. La disposición indicaba: «No se entregará la evaluación de los demás proponentes a nadie ajeno a él». La lista de seleccionados se comunicaba sin publicar sus puntuaciones y, adicionalmente, el documento declaraba que la evaluación y su resultado no eran impugnables. Los participantes debían suscribir incluso un compromiso de aceptación de esas condiciones.

Por tanto, las reglas eran públicas, pero la aplicación individual y comparativa de esas reglas quedaba restringida. El ciudadano podía saber que la experiencia en túneles valía cuarenta puntos, pero no podía comprobar cuántos recibió cada competidor, por qué los recibió y qué documentos justificaban las diferencias.

 


Este era uno de los asuntos centrales que Rafael Rey debía explicar. No lo hizo. Y Augusto Thorndike tampoco se lo preguntó.

Del séptimo al quinto puesto: la denuncia que no fue examinada

La controversia adquirió mayor gravedad con las publicaciones de Hildebrandt en sus Trece y Diario UNO. En el informe «Regresan los Camet», Américo Zambrano examinó la participación de JJC Contratistas Generales, empresa anteriormente conocida como J. y J. Camet, en el Consorcio Sumaq Ñan, integrado junto con la constructora española Acciona en una participación reportada del 50 % para cada una.

Diario UNO, por su parte, afirmó haber tenido acceso a un cuadro denominado «Lista Corta Definitiva» y denunció que Acciona-JJC había ocupado inicialmente el séptimo lugar, fuera de los cinco seleccionados, para aparecer posteriormente en el quinto puesto de una tercera versión de la lista remitida al MTC. El diario también informó sobre una denuncia anónima recibida el 24 de junio de 2026 por el MTC, Provías y PMO Vías, en la que se alegaba la incorporación indebida de cuatro puntos al consorcio Sumaq Ñan.

Estas denuncias exigían revisar las versiones originales de la lista corta y las hojas de evaluación. Su importancia no dependía de la indignación de un ministro ni de la confianza que un periodista pudiera depositar en él. Si una empresa había pasado del séptimo al quinto lugar mediante una modificación de sus puntuaciones, el cambio tenía consecuencias concretas: permitía continuar compitiendo a quien, según la clasificación anterior, debía quedar fuera. Rey no explicó si conocía las distintas versiones de la lista, si había revisado las puntuaciones cuestionadas o si había solicitado un informe sobre los cuatro puntos denunciados.


En marzo de 2026 ya se había informado al Congreso sobre problemas en la preselección. Según la exposición ministerial, después de que PMO Vías comunicara los resultados el 16 de diciembre de 2025, Provías Nacional detectó el 17 de diciembre que una empresa originalmente preseleccionada registraba sanciones del Tribunal de Contrataciones del Estado relacionadas con documentos falsos o adulterados. Es decir, el propio Estado había tenido que efectuar comprobaciones posteriores sobre los resultados comunicados por el PMO.


 

La evaluación del PMO no era un acto que debiera aceptarse sin comprobación. Ya existían antecedentes que justificaban controles adicionales.

La reunión de Rafael Rey: preguntas, respuestas y ninguna prueba identificada

El momento más revelador de toda la entrevista aparece cuando Rey reconstruye su primera y, según él, única reunión con representantes del PMO y Claudia Dávila. El ministro cuenta que los funcionarios franceses le informaron que habían realizado el concurso conforme al encargo recibido y que una empresa había ganado. También le manifestaron que Provías pretendía favorecer al segundo o tercer participante.

Rey relata entonces su propio interrogatorio: preguntó si se había realizado el concurso; le respondieron que sí. Preguntó si las bases habían sido aprobadas por el ministerio; le respondieron que sí. Preguntó si el procedimiento se había desarrollado conforme a esas bases; nuevamente recibió una respuesta afirmativa. A partir de ello concluyó que no correspondía modificar al ganador.

Aquí se encuentra el vacío fundamental de su defensa: Rey no cuenta que hubiera exigido a los representantes del PMO mostrarle los documentos que demostraban la corrección de sus respuestas.

No dice que solicitara las hojas de puntuación, las actas de evaluación, las sucesivas versiones de la lista corta, los documentos que justificaban cada cambio de posición, los informes sobre las observaciones de Provías o la revisión de la denuncia de los cuatro puntos. Tampoco identifica un informe jurídico independiente que hubiera examinado la controversia antes de respaldar la posición del PMO.

En la narración de Rey, los propios responsables del procedimiento afirman que lo hicieron correctamente y el ministro acepta esa explicación. La reunión aparece convertida en una comprobación, cuando lo relatado consiste esencialmente en una serie de preguntas respondidas por los mismos funcionarios cuya actuación estaba cuestionada.

La entrevista no permite saber si Rey examinó otros documentos fuera de esa reunión. Pero permite afirmar algo concreto: no identificó ante el público ninguna prueba documental que hubiera revisado para verificar las garantías recibidas.

Y Thorndike, que supuestamente lo estaba sometiendo a un interrogatorio, omitió la pregunta más importante: «¿Usted pidió ver las pruebas?».

 

Claudia Dávila y la versión que Rey quiso imponer

Rey presentó la posición de Claudia Dávila como un intento de desconocer al ganador y entregar la obra al segundo o tercer postor. Afirmó que hacerlo habría originado un juicio contra el Estado y constituido una irregularidad gravísima. Reiteró que no era lícito cambiar las reglas después de realizado el concurso ni alterar el resultado de quien había ganado.

El argumento contiene una distinción que el ministro nunca desarrolló. Cambiar arbitrariamente al ganador de un concurso es una cosa; corregir una evaluación que pudiera contener errores es otra. La segunda actuación no supone necesariamente modificar las reglas: puede consistir precisamente en exigir que se cumplan. Rey nunca demostró que Dávila estuviera intentando lo primero. Tampoco expuso los fundamentos documentales de la funcionaria para que el público pudiera evaluar si sus objeciones tenían sustento.

Thorndike introdujo los oficios de Provías del 4, 11 y 12 de agosto de 2026. En la entrevista se mencionó el Oficio N.º 1045-2026-MTC y se describieron reclamaciones relativas a información que el PMO no habría entregado, respuestas consideradas insuficientes, solicitudes de programación e implementación y la suspensión de un trámite de pago.

La cuestión merecía una revisión minuciosa. Había que establecer qué información faltaba, qué obligaciones contractuales se invocaban, qué respondió el PMO y si esos reclamos estaban relacionados con la evaluación de los postores o con otras obligaciones de la oficina francesa.

Rey respondió que esas comunicaciones se habían producido sin su conocimiento. Incluso afirmó que era completamente falsa la presentación realizada por el conductor. “Todo eso que tú dices es completamente falso y además colocado de esa manera sin que el ministro se entere. O sea, ella envió esto sin... Sin conocimiento mío”. Sin embargo, no identificó qué afirmación documental era falsa ni mostró un oficio que contradijera el contenido de los documentos mencionados.

 

Que el ministro no conociera una comunicación no significa que la comunicación no existiera ni que su contenido careciera de fundamento.

Según las publicaciones recogidas por la prensa, Dávila mantuvo sus objeciones durante la gestión de Rey y solicitó el 19 de agosto una acción de control externo. Posteriormente dejó el cargo. Rey confirmó en la entrevista que aceptó su renuncia, pero no explicó qué ocurrió con las observaciones administrativas ni con la solicitud de control.

En lugar de examinar esos antecedentes, manifestó que antes tenía otro concepto de Dávila y que ahora comprendía muchas cosas. También dijo desconocer sus motivos y no querer formular suposiciones. Sin embargo, ya había presentado su actuación como un intento improcedente de alterar el resultado del concurso. La descalificación de su criterio personal no reemplazaba una respuesta a sus documentos.

 

La salida de Dávila y la llegada de Álex Segundo Díaz Guevara

Rafael Rey explicó que había aceptado la renuncia de Claudia Dávila porque confiaba en la persona designada para reemplazarla: Álex Segundo Díaz Guevara. Afirmó haber recibido numerosas referencias sobre su experiencia, calidad profesional y honestidad. También explicó que primero lo había nombrado en Provías Descentralizado y después en Provías Nacional.

Thorndike señaló que Díaz Guevara ya ocupaba la jefatura de Provías Nacional desde el 16 de septiembre. Lejos de examinar las decisiones administrativas adoptadas por el nuevo funcionario, terminó diciéndole a Rey que confiaba en su criterio. «Yo pongo mi brazo derecho».

Este episodio recuerda lo ocurrido durante el gobierno de Pedro Castillo con el caso de Sada Goray, en el que las investigaciones revelaron la importancia que tenía la colocación de determinados funcionarios públicos para favorecer intereses empresariales. En el caso del túnel Pariachi, Claudia Dávila había cuestionado el procedimiento del PMO y exigido información sobre la contratación. Posteriormente salió de Provías Nacional y Rafael Rey designó a Álex Segundo Díaz Guevara, de cuya honestidad y capacidad ofreció garantías personales ante las cámaras. La comparación plantea una pregunta fundamental: ¿qué ocurrió con las observaciones de Dávila después de que el nuevo funcionario asumiera el control de Provías Nacional? Porque en las contrataciones públicas no solamente importa quién gana una licitación, sino también quién ocupa el cargo desde el cual se puede cuestionar, aprobar o permitir que continúe el procedimiento.

Otra vez, la conversación sustituyó los actos verificables por apreciaciones personales. La pregunta pertinente no era si el nuevo funcionario inspiraba confianza al ministro, sino qué hizo con las observaciones heredadas de Dávila. ¿Las ratificó? ¿Las desestimó? ¿Dispuso nuevas verificaciones? ¿Qué informes respaldaron sus decisiones? Nada de eso quedó esclarecido.

Rey sostuvo, además, que no conocía a las empresas participantes y que el concurso se había desarrollado antes de su llegada al ministerio, el 29 de julio de 2026. Pero no haber participado en la preparación de un concurso no resuelve las responsabilidades derivadas de las decisiones adoptadas durante una gestión posterior. El ministro también insistió en que habría defendido al ganador cualquiera que hubiera sido su nombre. Era una declaración de imparcialidad personal, no una comprobación del resultado.

 

Los Camet, Rafael Rey y el Club Nacional

La investigación de CAZAOLIGARCAS había incorporado un aspecto que Willax dejó completamente fuera: las relaciones sociales y familiares existentes entre Rafael Rey y miembros de la familia Camet. Los registros del Club Nacional sitúan a Rafael Rey Rey como socio desde 1983, a Jorge Raúl Camet Dickmann desde 1966 y a Fernando Martín Camet Piccone desde 2005. JJC Contratistas Generales, vinculada a la familia Camet, participaba con Acciona en el consorcio involucrado en la controversia.

Pero existe una relación más específica que la coincidencia de pertenencia a una misma institución: Alonso Rey Bustamante, primo hermano de Rafael Rey y socio del Club Nacional desde 1993, fue asesor de Jorge Camet Dickmann. El parentesco fue reconocido por el propio Rafael Rey ante el Congreso, mientras que Alonso Rey declaró sobre su actuación profesional como asesor de Camet. Este antecedente contradice la imagen de dos entornos familiares completamente desconectados y justifica investigar qué relaciones concretas existían entre sus integrantes durante la contratación. Cuando Rey afirmó que ni siquiera conocía a los postores, Thorndike pudo preguntarle por los Camet, por Alonso Rey y por su conocimiento de JJC. No lo hizo. La entrevista omitió así uno de los principales asuntos que CAZAOLIGARCAS había puesto sobre la mesa.

 

Augusto Thorndike: el periodista y su propia faceta oligárquica

El conductor que entrevistó a Rafael Rey también tiene facetas que merecen examinarse dentro de una investigación sobre las élites peruanas. La ficha genealógica de los descendientes de Juan L. Thorndike identifica una línea familiar que comprende a Ernesto Thorndike M., Augusto Thorndike G. y Guillermo Thorndike L., padre del conductor de Willax, Augusto Thorndike. El Club Nacional registra a Augusto Thorndike G. como socio desde 1934; a Felipe A. Thorndike Beltrán y Alberto Thorndike Elmore, desde 1950; y a Felipe Thorndike V., desde 1983. La genealogía también documenta el matrimonio de Felipe Thorndike Galup con Augusta Beltrán Espantoso, del que nació Felipe A. Thorndike B. Esta rama familiar estaba vinculada directamente con Pedro Beltrán Espantoso, presidente del Consejo de Ministros y ministro de Hacienda y Comercio entre 1959 y 1961, quien también fue embajador del Perú en Estados Unidos, presidente del Banco Central de Reserva, presidente de la Sociedad Nacional Agraria y director del diario La Prensa. Su sobrino, Felipe Thorndike Beltrán, fue empresario petrolero, vicepresidente de Petroperú, vicepresidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía, vicepresidente de ComexPerú e integrante de directorios de empresas como Volcan Compañía Minera, Wiese Aetna y Compañía Minera Castrovirreyna. No se trataba, por tanto, de una vinculación cotidiana a un club social, sino de una red con presencia efectiva en el gobierno, la banca, los medios de comunicación, la industria petrolera, la minería y las principales organizaciones empresariales del Perú.

La relevancia histórica aumenta al recordar que Miceno Espantoso figura entre los fundadores y presidentes del Club Nacional, mientras que las alianzas matrimoniales de los Beltrán, Espantoso y Elías forman parte de la historia de la oligarquía republicana. Por tanto, Thorndike no aparece como un periodista ajeno a la élite limeña lo que constituye un antecedente social pertinente para una investigación sobre el papel de los medios en la representación pública de las élites. El dato adquiere especial interés por el modo en que Thorndike condujo la entrevista: no se limitó a preguntar por la licitación, sino que se convirtió repetidamente en garante de la honestidad de Rafael Rey.

 


El interrogatorio que terminó en elogios

Durante la entrevista, Augusto Thorndike reconoció su amistad de años con Rafael Rey y justificó su temperamento como una característica conocida de su personalidad. Incluso admitió que algunas de sus interrupciones habían servido para reforzar las explicaciones técnicas del ministro.

Rey cuestionó la ética periodística del reportaje anterior, acusándolo de difundir afirmaciones falsas sin recoger adecuadamente su versión. También reveló que había reclamado directamente ante el dueño de Willax para obtener un espacio de respuesta. Así, la discusión sobre la conducta del medio terminó desplazando la cuestión central: si las calificaciones otorgadas por el PMO en la contratación del túnel Pariachi estaban debidamente sustentadas.

La moral de Rey como sustituto de los documentos

Rey sostuvo que las mentiras eran el origen de la corrupción, defendió su negativa a modificar el resultado del concurso y anunció una carta notarial contra César Hildebrandt. Sin embargo, ni sus declaraciones sobre la honestidad ni sus reclamos contra la prensa sustituían los documentos necesarios para verificar la evaluación del PMO. La cuestión seguía siendo qué pruebas había examinado el ministro para asegurar que el procedimiento se había desarrollado correctamente. El ministro convirtió su confianza en el PMO en una defensa de las reglas, sin explicar cómo había comprobado que esas reglas se cumplieron.

 

El cierre del espectáculo

Después de discutir sobre interrupciones, ética periodística, amistades y reputaciones, Rey regresó a su argumento inicial: no era lícito cambiar las reglas después de realizado un concurso y tampoco correspondía modificar al ganador. Insistió en que había llegado al ministerio desde fuera del procedimiento y que no sabía qué decisiones se habían tomado antes de su nombramiento.

Thorndike cerró esa explicación con una frase reveladora: «Pero se encontraron con Rafael Rey, no con cualquiera». El conductor ya no estaba exigiendo una prueba. Estaba destacando la personalidad del ministro. Todo un panegírico. Rey se disculpó por su apasionamiento. Thorndike le aseguró que siempre era un placer conversar con él y que el programa seguiría siendo su casa. La conversación terminó cordialmente y dio paso a una pausa comercial.

Así concluyó la aparente confrontación sobre una de las obras de infraestructura más importantes del país. No se mostraron las hojas de puntuación, no se reconstruyeron las distintas versiones de la lista corta, no se examinó la denuncia de los cuatro puntos presuntamente añadidos al consorcio Acciona-JJC ni se esclareció qué ocurrió con las observaciones de Claudia Dávila. La entrevista terminó con elogios a Rafael Rey, pero sin las pruebas documentales que justificaran su defensa del concurso.

 

https://www.gob.pe/institucion/mtc/noticias/1048069-mtc-iniciara-procesos-de-licitacion-para-la-fase-obra-de-la-nueva-carretera-central-en-2025

https://pocwebmk.com/noticias/nueva-ley-general-de-contrataciones-publicas-raul-barrios/

https://elcomercio.pe/economia/peru/gremio-de-construccion-civil-de-la-ccl-considera-que-ley-de-contrataciones-publicas-incluye-disposicion-que-afectaria-transparencia-ultimas-noticia/

https://inforegion.pe/solicitan-la-anulacion-de-la-ley-de-contrataciones-del-estado/

https://apps.camaralima.org.pe/repositorioaps/0/0/par/edicion873/edicion%20873_ok.pdf