Keiko, el segundo lugar y el voto inválido
Keiko Fujimori: liderazgo sin sobresaltos
Con el 86.915 % de actas contabilizadas, Keiko Fujimori se mantiene firme en el primer lugar con 2,501,056 votos (16.861 % válidos). Su ventaja sobre el resto es amplia y estable: más de 710,378 votos por encima de Rafael López Aliaga. En este tramo, su pase a segunda vuelta no está en discusión.
La tensión real está en la diferencia entre Rafael López Aliaga y Roberto Sánchez:
- López Aliaga: 1,790,678 votos (12.072 %).
- Sánchez: 1,738,681 votos (11.721 %).
- Brecha: 51,997 votos (≈0.35 %).
Jorge Nieto queda relegado con 1,667,243 votos (11.240 %), ya fuera de la pelea inmediata. La novedad es que Sánchez sigue recortando la distancia: en el corte anterior la brecha era de 59,577 votos; ahora bajó a 51,997. El ritmo es constante y con el 9.2 % de actas pendientes todavía puede cambiar el desenlace.
Actas pendientes y posibilidades
Quedan 8,576 actas por contabilizar (≈9.245 %), equivalentes a unos 1.64 millones de votos potenciales. Para remontar, Sánchez necesita obtener una ventaja de ≈3.2 puntos porcentuales sobre Aliaga en esas actas.
- Si mantiene el mismo ritmo de recorte (≈7,500 votos netos por cada 0.3 % de actas), podría alcanzarlo.
- La clave está en la procedencia de las actas pendientes: si provienen de bastiones de Juntos por el Perú, la remontada es plausible; si están más distribuidas, el ritmo podría no bastar.
- Muchos de esos lugares son zonas sin presencia efectiva del Estado, donde la logística electoral es más vulnerable y fácil de manipular, lo que aumenta la desconfianza sobre cómo se resolverá el conteo final.
El voto inválido: la primera fuerza ciudadana
Los votos en blanco (2,013,616) y nulos (874,050) suman 2,887,666, equivalentes al 16.295 % de los votos emitidos. Este bloque supera a cualquier candidatura individual y se convierte en el verdadero protagonista silencioso de la elección. No solo refleja desencanto y desconfianza, sino que cuestiona la legitimidad del sistema: en una elección donde la diferencia entre segundo y tercero es mínima, el voto inválido pesa más que cualquier candidatura.
El caso Lima Sur: negligencia o sabotaje
La disputa por el segundo lugar está atravesada por un hecho grave: en Lima Sur, 211 mesas en 15 locales no se instalaron, lo que dejó sin votar a más de 63,000 ciudadanos. Según denuncias, esto afectó directamente a López Aliaga, que habría perdido miles, decenas de miles o incluso centenares de miles de votos potenciales en zonas donde tenía respaldo. El gerente de ONPE está hoy en prisión preventiva y varios funcionarios de alto nivel han sido denunciados. Para muchos, más que un error logístico, esto parece un autosabotaje institucional que alteró la balanza y abrió espacio para que Sánchez creciera en el conteo.
Antecedente histórico: la derrota de Keiko en 2021
El impacto de decenas de miles de votos no es nuevo en la política peruana. En 2021, Keiko Fujimori perdió la presidencia frente a Pedro Castillo por apenas 44,263 votos de diferencia. En 2016, ya había perdido frente a PPK por 41,057 votos. Estos antecedentes muestran que en Perú las elecciones se deciden por márgenes mínimos, y que la exclusión de 63,000 electores en Lima Sur es una cifra capaz de alterar el resultado de quién pasa a segunda vuelta.
Lectura crítica
La elección muestra tres planos:
- Keiko Fujimori consolidada en el primer lugar.
- La disputa por el segundo puesto entre Aliaga y Sánchez, definida por una brecha mínima y por el origen de las actas pendientes.
- El voto inválido como expresión masiva de desafección ciudadana, que supera a todos los candidatos y obliga a leer la elección no solo en términos de porcentajes, sino de legitimidad institucional.
Conclusión
Keiko ya está en segunda vuelta. El verdadero suspenso está en quién la acompañará: Aliaga o Sánchez. La diferencia es tan estrecha que cada acta pendiente puede cambiar el desenlace. Pero más allá de nombres, el dato más contundente es doble: el voto inválido como primera fuerza ciudadana y la negligencia en Lima Sur que, con funcionarios de ONPE bajo investigación y cárcel, deja la sensación de que la elección no solo se juega en las urnas, sino en la fragilidad de las instituciones.