Poder, violencia y metamorfosis de los Añaños: de gamonales a sostenibilidad global
🌳 Genealogía de la familia Añaños (1805–2000)
La historia de los Añaños comienza con Micaela Morales, casada con José Gabriel de Ascarza, capitán de milicias de Huanta. En 1805, Ascarza adquirió el hato Uchuraqay por 3,734 pesos, incluyendo 350 cabezas de ganado. Esta compra consolidó la base hacendaria de los Ascarza en la puna huantina y los convirtió en una de las familias más influyentes de la región.
Posteriormente, su hija Magdalena Ascarza Morales se casó en 1815 con Felipe Añaños, militar nacido en Ansó (Huesca, España), capitán y luego teniente coronel de los Reales Ejércitos. Felipe participó en las luchas realistas en Huanta durante la independencia, defendiendo la ciudad contra los insurgentes. De esta unión surgió la rama Añaños-Ascarza, que enlazó el linaje peninsular con las élites locales. Entre sus hijos destacan Juan Pablo Añaños Ascarza y Pedro Añaños Ascarza, este último casado con una integrante de la familia Pacheco.
De Pedro nació Albino (Alvino) Añaños Pacheco, figura paradigmática del gamonalismo ayacuchano. Albino fue diputado por La Mar entre 1899 y 1930, con una carrera política excepcionalmente larga. Casado con Mercedes Zavaleta Carrasco, hija de Catalina Carrasco y Matías Zavaleta, consolidó su poder económico con la Hacienda Patibamba y otros latifundios como Huitopata, Torobamba, La Colpa y Ninabamba.
Albino Añaños fue diputado por La Mar en varios periodos (1919–1924, 1924–1929, 1929–1930), pero su carrera parlamentaria se extendió ininterrumpidamente desde 1899, atravesando nueve gobiernos y sobreviviendo incluso a la “criba” de la Corte Suprema. Sumando los tres periodos de Leguía, acompañó a doce regímenes políticos, convirtiéndose en un caso excepcional de longevidad parlamentaria. Basadre lo describió como un gran terrateniente que utilizaba funcionarios públicos para exaccionar a los indígenas y enriquecer sus haciendas.
En lo económico, Albino se resistía a la modernización: prefería mantener métodos tradicionales agrícolas para no perder control sobre la mano de obra. Usaba su influencia para evadir impuestos, mientras los campesinos eran cargados con tributos abusivos: predial, sisa, derecho de marca, y hasta una “contribución industrial” aplicada a animales domésticos.
La matanza indígena de 1922–1923
El 10 de noviembre de 1922, indígenas saquearon la casa de Albino Añaños durante una fiesta patronal. Su apellido quedó marcado por las matanzas indígenas de 1922–1923, cuando más de 300 campesinos fueron asesinados en represalias contra levantamientos populares. El 12 de diciembre, comunidades como Llachuapampa, Illaura y Pampahuasi atacaron las casas de los Añaños en Patibamba y sitiaron San Miguel y Tambo. La represión fue brutal: 150 soldados con ametralladoras recorrieron la provincia, dejando 300 indígenas muertos y 6 defensores fallecidos (incluyendo Benigno Añaños).
Los abusos incluían el cobro de alcabala de coca, robo de ganado y el pago obligatorio por fiestas tradicionales como la corrida de toros. El franciscano Fray José Pacífico Jorge denunció que los indígenas fueron cazados “como venados o animales silvestres”. Estos hechos marcaron el inicio del declive político y económico de los Añaños, cuyo apellido quedó asociado a explotación y violencia.
Comunidades afectadas y su situación actual
- Llachuapampa (4,382 msnm): hoy despoblado, con 0 habitantes y 8 casas vacías. Pueblo fantasma.
- Illaura (2,497 msnm): 237 habitantes, comunidad quechua activa con continuidad demográfica.
- Pampahuasi (751 msnm, Rupa Rupa): 266 habitantes, comunidad pequeña en ceja de selva.
- Patibamba (2,467 msnm): 319 habitantes, lugar de las casas de los Añaños, resignificado como Túpac Amaru de Patibamba.
El contraste entre despoblamiento y continuidad muestra los efectos diferenciados de la represión y el abandono estatal.
Los hijos de Albino y Mercedes fueron varios, entre ellos Héctor Nivardo Añaños Zavaleta, propietario de Patibamba, y Moisés Artemio Añaños Zavaleta, alcalde de Huamanga en 1921, acusado de fraude electoral y represión de protestas. También figuran Álvaro, Goar y Salvador Añaños Zavaleta, este último nombrado subprefecto por influencia de su padre. La familia extendió su poder mediante alianzas matrimoniales con los Carrasco, Zavaleta y Peralta, reforzando su círculo de influencia política y económica.
El declive de Albino Añaños (1930–1938)
Tras los levantamientos, Albino vivió años difíciles, descuidando incluso a sus hijos ilegítimos. Entre 1930 y 1938, miembros de la familia sufrieron robos reiterativos de ganado, posiblemente como venganza popular. Albino murió en 1938, y poco después su pariente Edmundo Añaños, alcalde de La Mar, fue denunciado por irregularidades en obras y fondos comunales. La población ya no toleraba la continuidad del poder gamonal.
La memoria oral recogida en San Miguel recuerda a los Añaños como descendientes españoles con vida ostentosa, acriollamiento y abusos. Se mencionan levantamientos contra impuestos como el de la sal, incendios de sus casas y destrucción de sus fábricas de caña. Aunque nietos y bisnietos aún mantienen propiedades, el prestigio político se perdió.
Continuidad histórica: guerrillas de 1965
Décadas después, Héctor Béjar eligió La Mar como escenario de sus guerrillas. La provincia seguía aislada, sin carreteras, con mayoría quechuahablante y campesinos dispersos. Los censos mostraban precariedad educativa y altos niveles de analfabetismo. La memoria de violencia y marginación se convirtió en caldo de cultivo para nuevas insurgencias.
De gamonales a sostenibilidad global
La descendencia de Héctor Nivardo marca el tránsito hacia la modernidad. Su hijo Eduardo Añaños Pérez, heredó parte de Patibamba tras la reforma agraria de Velasco en los años 70. Eduardo se dedicó a la agricultura en San Miguel, pero en la década de 1980, junto a sus hijos, fundó el Grupo AJE (Kola Real). Sus hijos —Jorge, Ángel, Arturo, Álvaro, Vicky y Carlos— expandieron la empresa a nivel nacional e internacional.
Hoy, la familia Añaños es conocida por el Grupo AJE, productor de Big Cola y otras bebidas. En foros como Perú Sostenible 2023, Carlos Añaños se ha mostrado públicamente alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Agenda 2030). Aunque borró un tuit tras críticas, las imágenes lo muestran posando frente al círculo de los ODS, símbolo oficial de la ONU.
Este tránsito revela una metamorfosis generacional: de exaccionadores locales y hacendados gamonales a empresarios globales con discurso de sostenibilidad PRO AGENDA 2030 junto a miembros de la oligarquía peruana. Sin embargo, la memoria histórica recuerda que el apellido Añaños estuvo marcado por explotación y violencia, lo que genera tensiones entre pasado y presente.
📌 Conclusión
La historia de los Añaños es un espejo de la evolución del poder en Ayacucho:
- Ascenso gamonal (1900–1922): expansión de haciendas, clientelismo político, exacciones tributarias.
- Apogeo y represión (1922–1923): matanza indígena, desprestigio social.
- Declive (1930–1939): robos, denuncias, pérdida de legitimidad.
- Memoria y continuidad (1965): guerrillas en La Mar como reflejo del aislamiento y marginación.
- Metamorfosis contemporánea (2000–2023): de hacendados a empresarios globales, ahora vinculados a la Agenda 2030.
El apellido Añaños condensa la tensión entre memoria de violencia histórica y proyección empresarial moderna, mostrando cómo las élites locales se transforman, pero nunca se desprenden del peso de su pasado.
Albino Añaños, Diputado durante treinta años. Las matanzas de indios en 1922.
En 1922, surgió dentro de la provincia de La Mar un gran levantamiento en Ancco y Chanquí, zonas ubicadas en las cumbres de la cordillera a unos 4,000 metros de altura, “por el tanto robo y el tanto ultraje que cometieron los que se encontraban al frente de los municipios y gobernaciones distritales”, dice Antonio Vásquez Amésquita (54). Estos funcionarios cobraban dinero a los indios con diversos pretextos y los abrumaban con tributos y arbitrios inmoderados. Desde el mediodía del 12 de diciembre de 1922, los indígenas —hombres y mujeres, incluyendo ancianos y niños— de las comunidades de Llachuapampa, Illaura, Pampahuasi, Retamapampa y otras, se atrevieron a asaltar las casas de los señores Añaños en Patibamba y rodearon dos pueblos, San Miguel y Tambo, durante varios días. Unos ciento cincuenta soldados armados de ametralladoras recorrieron los pueblos de la provincia durante varias semanas. Hubo, según cifras oficiales, 430 bajas indígenas entre muertos y heridos, incendios de chozas en muchos pueblos y caceríos “cuyos pobladores al huir despavoridos fueron cazados sin distinguir en ellos sexo o edad cual si fuesen venados o animales silvestres”, según narró en una vigorosa carta desde Ayacucho el padre español Fray José Pacífico Jorge, jefe de la misión franciscana en La Mar (55). Fray José Pacífico Jorge fue el autor de unas valiosas Melodías religiosas en quechua, seleccionadas y transcritas en su expresión típica (Friburgo, 1924).
Héctor Béjar y sus compañeros escogieron la provincia de La Mar para iniciar sus guerrillas en 1965. Según Béjar anota en su libro Las guerrillas de 1965: balance y perspectiva (Biblioteca Peruana, Lima, 1973), en La Mar no hay carreteras, la mayoría de la población solo habla quechua y vive en el campo (35,129 según el censo de 1946 contra 3,461 en zonas no rurales); y de acuerdo con el censo de 1961, de los 40,961 pobladores con más de cinco años de edad, 32,598 no saben leer ni escribir.
(54) Vásquez Amésquita, Antonio. Ensayo monográfico de la provincia de La Mar. Lima: Empresa Editorial Rimac, 1961.
(55) Este relato aparece textualmente en la monografía de Vásquez Amésquita.
Fuente: Para un esquema histórico sobre las elecciones peruanas. La ruptura del consenso legal (1919·1929) y la aparente transformación radical en el sistema (1931). Autor: Jorge Basadre páginas 133-134
Estando en el poder local, los Añaños eran los propagadores más formales de la tesis de la inferioridad racial del indígena, realmente ellos mismos procuraban mantenerlos en sus vicios, como la ignorancia, el consumo de alcohol y coca. Al mantenerlos en esta situación, los gamonales Añaños hacían el máximo esfuerzo por quitarles sus tierras y reducir al campesino a la situación de yanacona. PODER, POLÍTICA Y GENEALOGÍA FAMILIAR: GÉNESIS, CONSOLIDACIÓN Y DECLIVE DE LA FAMILIA AÑAÑOS EN SAN MIGUEL (AYACUCHO), 1900 - 1940. Tesis para optar el Título Profesional de Licenciado en Historia presentado por el Bachiller DARIO CESAR HUAMANI CHINCHAY, 2022. https://repositorio.unsch.edu.pe/server/api/core/bitstreams/0f6a8e73-c46c-4f01-8adb-1770d15e8845/content
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