martes, enero 20, 2026

📰 Chaquetero: eufemizando al tránsfuga

📰 Chaquetero: eufemizando al tránsfuga

El lenguaje no solo nombra, también califica. En política, pocas palabras son tan gráficas como chaquetero. Su raíz —chaqueta— y su sufijo -ero lo convierten en un término despectivo, popular, cargado de repudio. No es un tecnicismo, es un insulto. Señala al que cambia de bando como alguien que se quita y se pone la chaqueta según la conveniencia, sin lealtad ni vergüenza. Es feo porque quiere serlo: su sonoridad y su construcción lo hacen un vocablo de denuncia.


En contraste, tránsfuga es un término maquillado. Procede del latín transfŭga, “desertor”, con el prefijo romano trans- que sugiere movimiento, paso, incluso cierta elegancia formal. Suena académico, institucional, casi jurídico. Pero detrás de esa apariencia culta se esconde lo mismo: el que huye, el que deserta, el que traiciona. El tecnicismo atenúa la carga emocional y convierte la repugnancia en categoría fría.

La diferencia no es menor. Decir chaquetero es señalar con crudeza; decir tránsfuga es envolver la traición en un ropaje de neutralidad. Y la degradación social va más allá: hoy se habla de “flexibilidad ideológica”, “reacomodo estratégico” o “independencia de criterio”. Ya no es maquillaje, es cinismo. Es la fase sinvergüenza, donde el oportunismo se exhibe como virtud y la traición se presenta como estrategia.

El problema no está solo en el acto del chaquetero, sino en la sociedad que lo tolera y en el lenguaje que lo blanquea. Cuando la traición se maquilla como estrategia, la democracia se erosiona. Cuando el oportunismo se celebra como madurez, la confianza pública se derrumba.

El chaquetero es feo porque debe serlo: su sufijo y su raíz lo convierten en insulto popular, en repudio directo. El tránsfuga es maquillaje porque su prefijo latino le da un aire de elegancia que no merece. El cínico, en cambio, ya no necesita disfraz: se exhibe con descaro.

Nombrar las cosas por su nombre es un acto de resistencia. Porque la traición, aunque se maquille, sigue siendo traición.

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