LA PISCINA DE BOGOTÁ: EL PUTERÍO QUE REUNÍA A POLÍTICOS, NARCOTRAFICANTES, GUERRILLEROS Y PARAMILITARES
La parábola del pastor, el lobo y las ovejas: mientras unos decían defender al pueblo y otros combatir a sus enemigos, todos encontraban un espacio común en la prostitución, el alcohol y la diversión.
El reportaje de Testigo Directo sobre La Piscina, uno de los prostíbulos más famosos de Bogotá, revela una realidad que permite examinar las contradicciones de la sociedad política colombiana: políticos del Gobierno nacional, guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes, presentados públicamente como integrantes de sectores enfrentados, coincidían en un mismo establecimiento para consumir alcohol, contratar servicios sexuales y disfrutar de largas jornadas de diversión. El testimonio de Omar Guzmán, uno de los fundadores del negocio, describe un ambiente donde las diferencias ideológicas desaparecían ante los placeres compartidos. El vicio y la prostitución constituían el punto de encuentro de personajes que, fuera de aquellas instalaciones, representaban posiciones aparentemente irreconciliables.
Un prostíbulo donde desaparecían las diferencias políticas
La Piscina funcionaba en el barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá. El establecimiento había sido acondicionado sobre la estructura de un antiguo hotel mediante la inversión de varios socios. Contaba con ocho pisos, tres salones, una discoteca, cuatro bares, habitaciones reservadas y una piscina que constituía su principal atractivo. Según Omar Guzmán, llegaron a trabajar allí entre 300 y 400 mujeres, mientras que el reportaje menciona cifras incluso superiores. Las trabajadoras podían recibir entre 300.000 y 500.000 pesos colombianos por cliente, cantidades considerables si se comparan con el salario mínimo de 286.000 pesos vigente en Colombia durante 2001.
Sin embargo, el aspecto más revelador del establecimiento no era su tamaño, su infraestructura ni el dinero que circulaba, sino la composición de su clientela. Omar Guzmán afirma que allí concurrían políticos, narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares. Personas pertenecientes a organizaciones que públicamente sostenían enfrentamientos políticos y armados compartían los mismos salones, consumían bebidas alcohólicas y disfrutaban de los servicios sexuales ofrecidos por el negocio. Algunos permanecían durante toda la noche e incluso durante uno o dos días.
El testigo describe que los clientes se presentaban entre sí, mencionaban sus cargos y oficinas e incluso ofrecían colaboración y seguridad a los propietarios. Su declaración contiene una frase particularmente significativa: «Allá no había ni ideologías de nada». Esta expresión resume la contradicción central del reportaje: las ideologías que separaban públicamente a aquellos sectores no impedían que sus integrantes compartieran un mismo espacio de entretenimiento privado.
El pastor, el lobo y las ovejas: una parábola del poder
La convivencia descrita en La Piscina puede interpretarse mediante la parábola del pastor, el lobo y las ovejas. El pastor representa al poder político que afirma proteger a la población; el lobo representa a las organizaciones armadas y criminales que amenazan esa protección; y las ovejas representan a los ciudadanos que viven bajo las consecuencias de esos enfrentamientos.
En el discurso público, el pastor protege a las ovejas del lobo. Su legitimidad depende, precisamente, de presentarse como defensor frente a una amenaza. El lobo, por su parte, aparece como el enemigo que debe ser combatido. Ambos ocupan posiciones antagónicas dentro de una representación que organiza las lealtades, los temores y las expectativas de la población.
Pero el testimonio sobre La Piscina introduce una escena distinta: el pastor y el lobo coinciden en el prostíbulo, beben, se divierten y comparten los mismos placeres, mientras las ovejas permanecen fuera de ese círculo de convivencia. Allí, las diferencias que estructuran el enfrentamiento público dejan de constituir un obstáculo para las relaciones personales.
La parábola no necesita suponer que todos pertenecían a una misma organización. Su fuerza reside en mostrar que sectores enfrentados podían formar parte de un mismo ambiente social, compartir hábitos y reconocerse mutuamente en espacios privados. La oposición pública coexistía con una sociabilidad privada que atravesaba las fronteras ideológicas.
El vicio como elemento de cohesión entre sectores enfrentados
La prostitución, el alcohol y la diversión aparecen en el reportaje como prácticas compartidas por personajes de distintas procedencias políticas y criminales. Lo que los reunía no era necesariamente un programa ideológico, sino una comunidad de hábitos, apetitos y posibilidades económicas.
El establecimiento ofrecía un ambiente donde el dinero y el poder permitían acceder a mujeres, bebidas, habitaciones reservadas y prolongadas jornadas de entretenimiento. La capacidad de consumo constituía una condición común entre personajes que podían mantener posiciones antagónicas en la vida pública. Dentro de La Piscina, el guerrillero, el paramilitar, el narcotraficante y el funcionario gubernamental dejaban momentáneamente de actuar conforme a los papeles que representaban ante la sociedad y participaban de una misma cultura de diversión.
Esta circunstancia plantea una observación política importante: el enfrentamiento entre grupos no elimina necesariamente la existencia de intereses, costumbres y placeres compartidos entre sus integrantes. Los antagonismos pueden ser reales y, simultáneamente, existir espacios donde los adversarios se reconocen como miembros de un mismo universo de privilegios.
La Piscina constituye, desde esta perspectiva, una expresión material de esa convergencia. No se trataba de una reunión académica, de una negociación institucional ni de una ceremonia diplomática. Era un prostíbulo donde las personas acudían para satisfacer deseos personales. Precisamente por ello, el testimonio resulta revelador: muestra un terreno de coincidencia situado fuera de las declaraciones políticas y de las justificaciones ideológicas.
La contradicción entre el discurso público y la conducta privada
El reportaje describe una Colombia atravesada por enfrentamientos entre el Estado, las guerrillas, las organizaciones paramilitares y el narcotráfico. Sin embargo, dentro de La Piscina, integrantes de esos sectores podían encontrarse sin reproducir necesariamente las hostilidades que caracterizaban sus relaciones públicas.
Omar Guzmán menciona, además, a un funcionario de alto rango del Gobierno nacional, identificado en el reportaje mediante el nombre de «Rafael», que frecuentaba el establecimiento. El testigo sostiene que los espacios reservados recibían a personas importantes de la política nacional. Esta presencia resulta significativa porque sitúa a integrantes del aparato gubernamental dentro del mismo circuito de entretenimiento que frecuentaban personas vinculadas a organizaciones armadas y criminales.
La contradicción no consiste simplemente en que un político visitara un prostíbulo. El asunto es más amplio: un mismo lugar reunía a representantes de sectores que justificaban sus posiciones públicas mediante la oposición a los otros. Allí aparece una dimensión del poder que habitualmente queda fuera de los discursos oficiales: la de las relaciones informales, las costumbres compartidas y los ambientes privados donde las identidades políticas pierden parte de su importancia.
El propio Guzmán interpreta aquella convivencia como una manifestación de la hipocresía social. Su experiencia empresarial le permitió observar cómo personas pertenecientes a sectores públicamente enfrentados participaban de las mismas actividades recreativas.
Del prostíbulo de las élites al control de las organizaciones criminales
La historia de La Piscina también presenta una transformación posterior. Omar Guzmán relata que vendedores de drogas y organizaciones criminales penetraron progresivamente en el establecimiento. Afirma que los socios se opusieron a la comercialización de estupefacientes y que los conflictos derivados de esa situación lo llevaron a vender sus acciones.
Años después, el inmueble volvió a aparecer vinculado con actividades criminales. En noviembre de 2021, las autoridades colombianas capturaron a 13 personas señaladas de pertenecer a la organización Los Compas, que utilizaba el antiguo establecimiento como centro de operaciones. En 2022, según el reportaje, se produjo una medida de extinción de dominio por aproximadamente 566 millones de pesos colombianos relacionada con esa estructura.
La narración también menciona la presencia posterior de organizaciones como el Tren de Aragua y Los Maracuchos en las disputas criminales del barrio Santa Fe. De este modo, el inmueble atravesó distintas etapas: primero como negocio de prostitución frecuentado por personajes adinerados y poderosos; después como espacio penetrado por redes de comercialización de drogas; y finalmente como inmueble relacionado con operaciones de una organización criminal.
La verdadera enseñanza de La Piscina
La historia de La Piscina permite observar una dimensión de las relaciones entre poder político, violencia organizada y vida privada que rara vez aparece en las representaciones públicas de los conflictos. Mientras los discursos oficiales establecían fronteras entre defensores del orden, insurgentes, paramilitares y narcotraficantes, el prostíbulo ofrecía un espacio donde integrantes de esos sectores compartían placeres y hábitos de consumo.
La parábola del pastor, el lobo y las ovejas adquiere aquí su sentido político. El pastor y el lobo pueden presentarse ante las ovejas como enemigos irreconciliables, pero esa representación no impide que ambos coincidan en determinados espacios privados. La existencia de enfrentamientos públicos tampoco significa que sus protagonistas carezcan de afinidades personales, económicas o culturales.
La Piscina revela que el vicio y el puterío podían reunir a quienes las ideologías, las instituciones y las organizaciones armadas presentaban como adversarios. El testimonio de Omar Guzmán muestra esa coincidencia de manera concreta: políticos, guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes compartiendo un establecimiento dedicado a la prostitución y la diversión.
La imagen final es la del pastor y el lobo encontrándose en el mismo lugar, lejos de las ovejas. No demuestra que todas sus disputas fueran ficticias, pero sí expone algo políticamente significativo: los enfrentamientos que dividen a la sociedad no impiden que algunos de sus protagonistas compartan una misma cultura de privilegios, placeres y relaciones privadas.
Y esa es la contradicción que deja al descubierto La Piscina: quienes se presentaban como enemigos ante la sociedad podían reconocerse como compañeros de diversión detrás de las puertas de un prostíbulo.
Fuente documental: «Oscuros secretos de La Piscina, el prostíbulo más famoso de Bogotá: políticos, narcos y guerrilleros», reportaje de Testigo Directo, con declaraciones de Omar Guzmán. Análisis político e interpretación de la parábola elaborados a partir del contenido del reportaje.

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